
Concepción, Chile, Martes 31 de agosto de 2010

Para Marx y Engel, el socialismo que fundaron era una ciencia que exigía que se estudiara como tal. La historia demostró cuánta pretensión había en esa afirmación que no pasó más allá de ser una ideología con buenas intenciones: acabar con la explotación del hombre por el hombre.
El Papa Juan Pablo II admitió que el socialismo "contenía semillas de verdad"; aludía su denuncia de las injusticias sociales.Octavio Paz dijo que los socialistas formularon preguntas pertinentes pero que sus respuestas resultaron erróneas; en todo caso reconoció el esfuerzo intelectual de dar una respuesta a los grandes cambios de su tiempo.
En rigor, el socialismo fue un producto no buscado por la civilización capitalista; un resultado específico de la Revolución Industrial.
El resto de la historia se conoce: ascenso y caída del comunismo soviético y afianzamiento de la social democracia en Europa; del primero sólo sobreviven Corea del Norte y Cuba, vitrinas contundentes de su gran fracaso para saltar como anunciaba Marx "del reino de la necesidad al reino de la libertad" y, en Escandinavia que muestra los mejores logros del socialismo democrático.
Las experiencias comunistas colapsaron por la infecundidad del estatismo; la social democracia sobrevive en su esfuerzo de combinar el mercado con la regulación estatal. En ambas experiencias hubo dramas pero no sainetes. En otras palabras, en todas estas experiencias la política fue la expresión de una voluntad de cambiar con seriedad el curso de la historia, independientemente de sus resultados.
Chávez ha sido el fundador del socialismo como sainete, que otro nombre puede darse a lo que él llama socialismo del siglo XXI, pero que en realidad es un fruto tropical que sería bien divertido si no afectara la vida y el futuro del pueblo venezolano.
Es imposible enumerar siquiera en una crónica sólo un listado de sus numeritos que abruman con genialidades que superan el folclore político de tantos tiranuelos conocidos en América Latina. Nos detendremos sólo en un numerito estelar: Simón Bolívar ha sido desenterrado para someter a prueba "científica" una febril corazonada de Chávez que cree que Bolívar no murió de tuberculosis sino asesinado por la oligarquía colombiana y él quiere saldar ahora esta presunta cuenta histórica.
La televisión ha mostrado el esqueleto de Bolívar y a un equipo "interdisciplinario" en plena faena destinada a esclarecer el presunto asesinato mientras Chávez pronuncia, temblando de emoción, palabras de admiración por el prócer convertido en socialista por su delirante imaginación. Junto con esperar el esclarecimiento "científico" de sus corazonadas anuncia que la urna de plomo que cobijó esos restos será reemplazada por una urna de oro como lo merece el héroe convertido en socialista según su delirante imaginación.
Frente al macabro espectáculo los más eminentes historiadores venezolanos no han ocultado su disgusto por el bochorno a la vergüenza nacional que importa tanta insensatez.
Esta ha sido la insensatez mayor pero no la única; parodiando a Trosky, creador de la teoría de la "revolución permanente", Chávez aparece como el creador de la "insensatez permanente", cuyos resultados están a la vista: una economía destruida por el estatismo infecundo, la inflación y la corrupción desatadas, una justicia servil a los caprichos de quien, sin juicio previo, dicta condenas hasta por 30 años a sus adversarios políticos, el derroche de recursos públicos en la subvención de gobiernos tan demagógicos como el suyo, su guerra contra Cristóbal Colón y su afirmación demencial: Cristo fue el primer socialista.
En Colombia Chávez acaba de sufrir la peor de sus derrotas, consecuencia también de su insensatez. Cubrió de injurias a Uribe y se la jugó entero contra Santos. El pueblo colombiano ha despedido a Uribe con la más alta aceptación que gobierno alguno haya terminado en ese país, mientras Santos llega al gobierno también con el mayor apoyo ciudadano que se recuerde. Para nadie es un misterio que la ingerencia de Chávez en la política colombiana explica en buena parte estos resultados.
Así, el fundador del socialismo como sainete se ha convertido en el rey Midas al revés.
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